POR ConstanceZimmer

Por los caminos de la Fe

Sociedad

Las localidades de Villa de la Quebrada y Renca recibieron a miles de personas este jueves 3, jornada en la que se conmemoraron las fiestas patronales en honor al  Cristo de la Quebrada y al Señor de Renca.

Los santuarios diocesanos de Renca y Villa de la Quebrada congregaron a miles de peregrinos que arribaron a ambos destinos desde diversos puntos de San Luis y provincias vecinas. Los une el amor, la devoción y la gratitud a Cristo crucificado, en quien fundan toda su esperanza.

El 3 de mayo tuvo lugar la fiesta central en ambos santuarios: por la mañana en Renca y por la tarde en Villa de la Quebrada. Durante las celebraciones, templos y plazas albergaron a multitud de fieles. Santa Misa y procesión estuvieron presididas por Monseñor Pedro Martínez, y concelebradas por los párrocos Pbro. Federico Kunz (Renca) y Pbro. César Preve (Villa de la Quebrada). En cada santuario acompañaron numerosos sacerdotes de la diócesis que concelebraron la eucaristía y atendieron a los peregrinos que se acercaron a la confesión.

También se contó con la presencia de autoridades civiles y de las fuerzas de seguridad que rindieron su homenaje.

En su homilía, el obispo de San Luis invitó a cada peregrino a “llegar a los pies de Cristo, cada uno con sus pecados, debilidades, dolores físicos y morales”, y a “dejarse amar por Cristo, dejarse acompañar por Él que, desde su cruz, nos ayuda a llevar la nuestra”.

El pastor diocesano explicó que Dios nos ama porque somos sus hijos, Él conoce nuestras debilidades personales, y las circunstancias propias de nuestra historia, cultura y contexto que nos dificultan tomar la cruz y seguir a Cristo. Justamente por eso, debemos acercarnos confiados en su amor, que es la fuerza que nos levanta y nos hace sobrellevar esa cruz.

 “Este día claro refleja la transparencia del corazón y las intenciones de cada mujer, hombre y niño que ha llegado a los pies del Cristo, que ha rezado el vía crucis. Cada uno ha venido a rendir culto a Cristo porque quiere ser bueno, porque quiere ser mejor, porque reconoce sus errores y pide perdón a Dios. Cada uno asume su cruz: enfermedades, humillaciones, pecados propios, ausencias de seres queridos, todo lo que nos dificulta seguir adelante, y se lo confía a Cristo. Llevar todo eso solo es terrible, como una montaña que nos cae encima y nos aplasta. El señor reina en la cruz, y nuestra cruz se hace soportable y nos redime si la llevamos con Él. Nuestros esfuerzos y nuestras renuncias cobran sentido”, meditó Monseñor Martínez.

El obispo animó a los fieles a acercarse con humildad a los pies de Cristo “aún con nuestras faltas y pecados”, como una persona que camina con dificultad y dice: “rengo, rengo pero vengo, aquí estoy”. Monseñor Pedro explicó que Dios nos ve y reconoce nuestras dificultades, nos quiere como somos, hay que dejarse abrazar por la misericordia”.

Foto: Punto Aparte